La sociedad de estos días es la sociedad del conocimiento; estamos en un tiempo donde los conocimientos se renuevan rápidamente, donde debemos estar en una incesante adaptación, y la información cada vez mayor, es la materia prima del conocimiento. El saber se ha convertido en el centro de atención de los diferentes poderes económicos, políticos, científicos y los medios que protagonizan el alcance de éste, están dados por un lado, en el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación (TIC) que modifican los proceso productivos y por otro, en las nuevas organizaciones y redes de relación entre organizaciones, por donde dicha información circula dando lugar a un mundo interconectado.
La sociedad de la información es el resultado de la economía de la información multiplicada por la cultura de la información, la misma que comprende una ciudadanía multilingüe, una actitud abierta a la tecnología, una legislación de apoyo, costos adecuados de acceso, infraestructura y regulaciones alcanzadas por conceso.
En la base de la economía del conocimiento se pueden referenciar cuatro factores estrechamente relacionados.
a. La difusión de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC);
b. La tercerización progresiva de las sociedades
c. La internalización de la economía y
d. El aumento y extensión de la educación, saberes y conocimientos.
Cuando se indaga por los orígenes de la sociedad del conocimiento, se encuentra que es un término que nace cuando en los años 60 se acuña la noción de la sociedad post-industrial. El sociólogo Peter Drucker (1969) pronostico la transición hacia una nueva capa social de trabajadores del conocimiento. Este tipo de sociedad está caracterizada por una estructura económica y social, en la que el conocimiento ha substituido al trabajo, a las materias primas y al capital como fuente más importante de la productividad, crecimiento y desigualdades sociales. (Drucker 1994).
D. Bell (1973, 2001), dice que la sociedad pos-industrial fue la transición de una economía que produce productos a una economía basada en servicios y cuya estructura profesional está marcada por la preferencia a una clase de profesionales técnicamente calificados. El conocimiento teórico se ha convertido, según este enfoque, en la fuente principal de innovación y el punto de partida de los programas políticos y sociales. Este tipo de sociedad está orientada hacia el progreso tecnológico y la evaluación de la tecnología y se caracteriza por la creación de una nueva tecnología como base de los procesos de decisión.
Es así que se apunta a una sociedad cientificada, academizada y centrada en los servicios, lo cual se diferencia de la sociedad industrial que, a su vez, estaba caracterizada por el conocimiento experimental, el predominio de los sectores industriales, las actividades manuales y el conflicto entre el capital y el trabajo.
Si este contexto lo traemos al escenario del sistema educativo regular, vemos que este se encuentra enfrentado a desafíos de gran envergadura. Dentro de éstos, el de mayor importancia, sea el de adecuar y actualizar los contenidos curriculares y las certificaciones ofrecidas a los nuevos perfiles laborales surgidos como consecuencia de las transformaciones acontecidas en el mundo productivo y la nueva realidad del empleo.
Puede evidenciarse entonces, que la educación y la formación, efectivamente, están en mutación; en todos los ámbitos se observa una multiplicación de posibilidades de aprendizaje que ofrece la sociedad fuera del ámbito escolar, y la noción de especialización en el sentido tradicional viene siendo reemplazada en muchos sectores modernos de actividad por la de competencia evolutiva y de adaptabilidad.
Si antes era suficiente con transmitir determinados conocimientos técnicos y ciertas habilidades manuales para que los individuos se incorporaran a un empleo que los estaba esperando, ahora es preciso entregar toda una gama de competencias que antes no eran suficientemente enfatizadas: iniciativa, creatividad, capacidad de emprendimiento, pautas de relacionamiento y cooperación. Estas han de ir acompañadas, además por las nuevas competencias técnicas requeridas que son relativamente menos específicas que el pasado: idiomas, informática, razonamiento lógico, capacidad de análisis e interpretación de códigos diversos, etc.
Resulta entonces prioritario proporcionar medios para que las personas puedan autogestionar su proceso de desarrollo laboral y profesional: encontrar un primer empleo, buscar uno nuevo, iniciar un emprendimiento empresarial, recalificarse a través de curso, y formarse permanentemente. Así emerge del “empleo para toda la vida”, el concepto sustentado en la “formación a lo largo de toda la vida”.
Yency, para complementar tu escrito, te sugiero que veas este video:
ResponderEliminarhttp://www.youtube.com/v/nPB-41q97zg
o este
http://www.youtube.com/watch?v=Z78aaeJR8no